Autismo Ciudadano en México

cálamo & alquimia | martín de lima moreno

MÉXICO.- Contextualizando la democracia latinoamericana entre un golpe de Estado en Honduras y las elecciones intermedias de México, donde el abstencionismo sentó sus reales, pareciera que los sistemas electorales no están funcionando en la región y las dudas sobre la viabilidad de la democracia de partidos se ciernen en el continente como el virus de la Influenza, con los consiguientes temores sobre cómo esto afectará en el corto y largo plazos el desarrollo en la zona.

En los días recientes, luego del regreso desangelado del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en México con apenas el 35.8 por ciento de los votos, como partido mayoritario en la Cámara Baja del Congreso de la Unión, ya se escucha constantemente, tanto en medios de comunicación, como en conversaciones ciudadanas de café -casi siempre eco de lo que se diga en radio y televisión- que el sistema electoral mexicano está acabado y que la apatía de los votantes es la respuesta a una “farsa” política orquestada por las cúpulas del poder político y económico arropadas por los partidos políticos.

Según esta suerte de sofisma político, en México no habría para el siguiente ciclo electoral, con cambio presidencial de por medio, un espacio auténtico para el sistema electoral de partidos y ante el elevado abstencionismo ciudadano, la inversión en el sistema democrático no vendría al caso. ¿Qué seguiría entonces?

Los medios de comunicación institucionales culpan a los partidos del abstencionismo y del regreso del PRI a una posición clave en la toma de decisiones legislativas y los ciudadanos están convencidos de ello. Sin embargo, en los hechos resulta evidente que la no participación ciudadana como una presunta posición política de ninguna manera resolverá los graves problemas que enfrenta la nación mexicana y esta especie de autismo ciudadano le hace -para decirlo en mexicano- el caldo gordo a los grupos de poder.

Nadie puede negar que la experiencia de gobierno de los diferentes partidos políticos ha aportado muy poco al desarrollo sustentable de México. Baste revisar las cifras sobre empleo/desempleo, productividad, educación, salud y bienestar social en el lapso comprendido entre la crisis del gran Efecto Tequila de 1995 y la actual crisis financiera global, que es el tiempo en el que México pasó del régimen de partido único al multipartidismo.

El estancamiento, cuando no el franco retroceso en sectores sensibles del desarrollo, es patente y los partidos no han marcado diferencias cualitativas o históricas en la forma de gobernar. Pero vale decir también que en ese mismo lapso, el nivel de participación ciudadana en las bases de los partidos ha registrado pocos avances y la gente más participativa y politizada, opta, a lo mucho por marchas blancas contra la delincuencia y mentadas de madre en los blogs internáuticos, que tienen a final de cuentas poca incidencia en la toma de decisiones de los tres poderes que conforman el Estado y de los grupos de poder fáctico.

Por supuesto, las limitaciones educativas del grueso de la población y el acceso restringido a las Tecnologías de la Información, básicamente por factores económicos, son una gran traba para una evolución cualitativa de la democracia en México, que eventualmente, podría convertirse en nación inspiradora de la región latinoamericana; pero dentro de esas limitantes se puede abrir brecha hacia una nueva democracia.

Aquí quienes deben replantear su estrategia son, desde luego, los grupos de la Izquierda que en esta jornada electoral perdieron una oportunidad de oro para posicionarse rumbo a la contienda presidencial de 2012 en un contexto global que coquetea con la responsabilidad social y la búsqueda de un reparto más equilibrado de la riqueza; pero también los electores silenciosos cuyo “no-voto de castigo” se convierte en el sistema electoral en carta blanca para quienes sí ejercen el poder.

Y el peligro verdadero es la gran tentación en que puede incurrir esa minoría (en cierto sentido ilustrada) que votó para decir que prefería el establishment previo a la alternacia de partidos. Podría aprovechar su posición de ventaja frente a la mayoría apática o silenciosa para consolidar hacia 2012 una partitocracia autoritaria en la que se cerraran espacios legales para una participación ciudadana más amplia y plural, fuera de los partidos; pues, parafraseando a Monterroso: Cuando todos despertamos, el dinosaurio seguía allí. <>

Texto originalmente publicado en www.tribu-info.ws