Fue un Sábado 30 de Febrero…

Cálamo & Alquimia | Silvia Meave

“El sábado 30 de febrero, una compa integrante del Comité Monseñor Romero platicó con cada uno de los compañeros presos en el penal de Molino de Flores, se les dijo de nuevo sobre la página que se abrió y se les preguntó si querían comentar algo sobre ellos, o sobre la conferencia (foro en Derecho-UNAM, 18 de febrero), en fin saber su pensamiento, y esto fue lo que cada quien dijo.”

Así, como un códice prehispánico, comienza el texto informativo de un sitio web presuntamente creado por los defensores solidarios de un grupo de ciudadanos mexicanos encarcelados por tratar de impedir un operativo policíaco relacionado con una disputa por la propiedad de la tierra en el estado de México.

Leí una, dos, tres veces ese primer párrafo y finalmente me animé a tratar de ubicar en algún punto de los límites temporales conocidos por mí la sagrada fecha de la mencionada visita del Comité Monseñor Romero -así dicen llamarse- a los presos mejor conocidos como “de Atenco”… Y no pude hacerlo. Todas las preguntas vinieron a mi mente: ¿Por qué alguien se tomó el tiempo de visitar en ¡30 de Febrero! a trece activistas sociales encarcelados? ¿Es una broma cruel o es un error garrafal del tipo “no me ayudes compadre”? ¿O de plano el 30 de Febrero es un cifrado subversivo?

Dicen que los conspiracionistas no pueden aspirar a más que convertirse en escritores de ficción y quizá quienes lo afirman tengan razón. ¿O no es acaso una obsesión sin fundamento saber que hombres que se asumen como presos políticos reciben visitas de sus solidarios en 30 de febrero?

Los hechos consignados en la prensa local son graves, son auténticos: Existe un grupo de personas encarceladas y acusadas por delitos tales como ataques a las vías de comunicación y secuestro equiparado (cualquiera cosa que eso signifique) a raíz de una movilización popular de resistencia contra la construcción del aeropuerto alterno de la Ciudad de México a principios de esta década. La movilización, en algún momento culminó en una de tantas escaramuzas entre habitantes de la zona y la policía en un poblado eminentemente campesino del área conurbada de la capital… Riesgos de las democracias fallidas, hubiera dicho un archienemigo de Lleins Bombón, el antihéroe protagonista de los cuentos que escribí en mi infancia.

Sin embargo, a los chivos expiatorios de las democracias fallidas no se les debería dar esperanza en 30 de Febrero. Es una fecha inquietantemente aciaga, como inquietantes son las historias de los trece presos narradas en el sitio web Libertad y Justicia para Atenco. Los relatos se parecen a esos testimonios de civiles que sobrevivieron al golpe pinochetista en chile o a la guerra en Bosnia o a la invasión a Irak: Impresiona en particular la historia de un par de jóvenes que -según se cuenta ahí- tienen ante a sí una cadena perpetua bajo cargos de secuestro equiparado nada más porque no pudieron acreditar su identidad en un retén por no traer consigo la credencial de elector. ¿A qué viene tanta perversidad en una democracia?

Aunque ahora parece un lugar común, aquella frase del congresista estadounidense Hiram W. Johnson, luego de la entrada de Estados Unidos a la Primera Guerra Mundial, de que “la primera víctima de la guerra es la verdad”, además de ser absolutamente cierta, resulta aplicable a cualquier tipo de guerra y no sólo a las confrontaciones bélicas, y es por esta razón que en medio de las batallas que se libran por el poder dentro del Estado mexicano, ya no se sabe si los autonombrados solidarios espontáneos (de cualquier causa) son amigos o enemigos, o lo que es peor, ¿quién puede decir qué es verdad o qué es mentira, si hubo alguna vez un año nuevo casi apocalíptico con todo y corresponsales de guerra perdidos durante días en las carreteras de la selva, después del cual la sangre muerta de un solo héroe sincero no mereció el recuerdo de nadie?… Y no fue en 30 de Febrero. <>

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